Rebeca Hernández Marín/La Balanza

Morelia, Mich., 23 de septiembre de 2017.- La solidaridad de Ángel, un niño de siete años, se concretó en un paquete de avena de 400 gramos que compró con los ahorros que puede hacer y no gana mucho haciendo los mandados de sus vecinos.
Él y sus dos hermanos son hijos de Concha, madre soltera que vende pan en el fraccionamiento Privadas del Sol 2, del conurbado municipio de Tarímbaro; trabaja, para poder darse esos gustos que su mamá no le puede dar.
Sus ingresos son precarios, se nota en los zapatos rotos que usa; es inteligente, disciplinado y tiene excelentes calificaciones, 9.8 de promedio.
Sensible y generoso también es porque cuando vio en la televisión que se necesitaba ayuda para los damnificados de los sismos se angustió tanto que rompió su alcancía para poder comprar el paquete de avena. No le alcanzó para uno más grande, al menos de a kilo, como quería.
Entonces se dio cuenta que no podría llevarlo a un centro de acopio, porque no puede alejarse de su colonia y aunque pudiera ya no tenía dinero para pagar las combis, que le saldrían más caras que la avena, así que le pidió a una de sus vecinas que trabaja en el Centro Histórico de Morelia que le hiciera el favor de entregarlo.
El pequeño bulto, empaquetado en una bolsa con un nudo y una etiqueta que dice: De Ángel, Michoacán, llegó junto con su solidaridad al centro de acopio de la plaza Melchor Ocampo al mediodía del pasado jueves.
Solo unas horas después de que los Integrantes de la Junta de Coordinación Política del Congreso del Estado, convocaron a la prensa para hacer el anuncio de que iban a hacer un donativo de ¡medio millón!, 12 mil 500 por cada uno de los legisladores locales que tan solo de salario, al que llaman dietam es de casi 95 mil pesos mensuales y que tanta indignación causó la nota en las redes sociales por el lucimiento personal que se da a los recursos del erario.
La historia de Ángel contrasta también con la de jóvenes, hombres y mujeres que, sin el menor rubor, andan por todo el Centro Histórico pidiendo dinero con el pretexto de los damnificados de los sismos, porque cuando se les pregunta a quién, dónde, cómo o cuándo lo van a entregar no saben que contestar y se dan la vuelta apenados cuando se les dice que mejor pidan para las caguamas.
Algunos dicen que son, por ejemplo, de la Facultad de Odontología y que voluntariamente están apoyando a la Cruz Roja, pero cuando se les pide una identificación resulta que no la portan y, al buscarla en sus mochilas no la encuentran, se les olvidó en su casa, lo mismo que la alcancía institucional, porque la colecta la hacen en botes de plástico, si bien transparentes, sin tapa, con una boca en la que cualquier mano cabe.
Lo mismo ocurre con todo tipo de establecimientos como bares y cafeterías que de buenas a primeras se convirtieron en centros de acopio, con sólo pegar una cartulina, y donde tampoco saben explicar cómo van a canalizar la ayuda que como intermediarios captan.
Ante la tragedia las instituciones quedaron rebasadas, la Cruz Roja o Protección civil ni el intento por organizar tanta generosidad espontánea, por lo que es necesario tomar precauciones.
Si usted puede ayude, hágalo de corazón, como Ángel, pero acérquese a alguna institución a la que le tenga aunque sea un poquito de confianza no vaya a ser que su donativo no llegue a quien lo necesita u busque la manera de entregar directamente su donativo.