Rebeca Hernández Marín/La Balanza

 

Morelia, Mich., 1 de junio de 2017.- La culpa, el miedo y la ignorancia hicieron que Lupita ocultará su embarazo entre sus amplios trajes de indígena purépecha; las únicas personas que sabían, eran ella y la comadrona que la ayudó a parir y que se aprovechó de su confianza para robarle a su hija.

El padre de la infanta ni se enteró que había quedado embarazada, se fue a trabajar a otro lado y no ha regresado a su comunidad de origen; su familia está enojada y avergonzada de ella y la dejaron sola en una lucha legal que le permitió recuperar a su hija el pasado 9 de mayo luego de un año de haber sido separadas.

Cuenta la mujer que a los tres días de haber dado a luz, la partera le dijo que tenía que ir a hablar con sus padres y se ofreció a cuidar a la niña en tanto ella arreglaba el conflicto familiar ocasionado por su embarazo y junto con su marido la llevó hasta su casa.

Al día siguiente la matrona le habló para decirle que ya no se preocupara por la niña porque la había entregado a una pareja formada por un doctor y una psicóloga que la iban a cuidar y le pidió que fuera a firmarle un documento.

Lupita no sabe leer ni escribir así que le dijo que no podía hacerlo y luego de reclamarle haber entregado a su hija pidió ayuda a unos familiares que viven en Zitácuaro que la han estado apoyando y con los que ahora vive.

Acudieron a las oficinas del Sistema Integral para el Desarrollo de la Familia (DIF) que a su vez recurrió a la Comisión Ejecutiva Estatal de Atención a Víctimas y se inició la búsqueda de la niña, la cual fue relativamente fácil porque la propia partera les informó que estaba en el DIF de Puebla.

La pareja a la que fue entregada la niña no está formada por un doctor y una psicóloga, es la hermana de la partera y su marido quienes acudieron al médico para hacerle el tamiz y como la mujer no supo dar ninguna referencia del parto, el médico avisó a las autoridades que se hicieron cargo de ella.

Lupita ha tenido que enfrentar dos procesos legales en un año, uno aquí en Michoacán, por sustracción de menores y otro en Puebla por abandono de menor y, aunque a la fecha no hay ningún detenido, pudo recuperar a su hija.

Fue un proceso largo, en el que se tuvieron que hacer pruebas de ADN para corroborar la consanguineidad y aunque los juicios siguen su curso, madre e hija ya están juntas luego de un año de haber sido separadas.