Rebeca Hernández Marín/La Balanza

Morelia, Mich., 15 de junio de 2017.- La sensación de injusticia es inevitable, luego de escuchar la lectura de la sentencia del caso de maltrato de más de un centenar de animales, entre perros, aves, ratas, conejos y puercos por parte del veterinario Rodrigo V que debía cuidarlos.

Una condena a seis meses de prisión, aunque se dejaron a salvo los derechos del acusado para que solicite el sustitutivo penal que más le convenga, y  el pago de una multa de mil 460 pesos 80 centavos será el castigo para quien aterrorizó a los animales de manera continua, sin justificación alguna y con plena conciencia del daño que les causaba. Además, no fue la primera vez; incluso ya había sido multado por su  mala práctica profesional.

La reparación del daño que se dejó en aire y será definida durante la ejecución de la sentencia, pese a que el ayuntamiento de Morelia solicitó la reposición de 536 mil pesos por los gastos realizados en las curaciones y alimentación de los animales.

El tribunal, del que no se conoció el nombre de los tres  jueces porque no se identificaron, consideró que el ayuntamiento no es una víctima sino un bien jurídico colectivo de la sociedad a la que apoyó y por lo tanto optó por dejar la decisión al juez de ejecución de sanciones.

La percepción de injusticia es inevitable porque tampoco se dijo que fue de los animales maltratados, solo se insistió en las condiciones en las que se encontraron, con lesiones llenas de larvas, flacos, con pulgas, con rastas largas, enfermos de diarrea y problemas respiratorios, los cuales mostraban miedo, estaban decaídos y algunos agresivos por los que se les tuvo que poner en cuarentena, según el juez relator.

Tres perros ya estaban muertos cuando fueron fueron cateados los inmuebles donde estaban cautivos, otros tenían moquillo, un San Bernardo tenía la cadena con la que estaba sujetado incrustada en el cuello. El único destino certero que se conoció fue el de tres puercos que fueron enviados al rastro.

Del resto no se especificó dónde y cómo están, si sus dueños originales los reclamaron, si fueron entregados en adopción y cómo fue el proceso  o si fueron sacrificados en el Centro de Atención Canina municipal a donde fueron llevados.

La audiencia para la lectura de la sentencia de la causa 249/2016, estaba programada para las 19:00 horas de este jueves, pero comenzó media hora tarde por la jueza que presidió el tribunal venía de Zitácuaro de atender otra audiencia penal, por lo que ofreció disculpas a los asistentes.

Es probable que debido a ese retraso la diligencia comenzara un tanto de manera atropellada, sin el que el asistente de la sala solicitara ponerse de pie para que entraran los jueces y probablemente por eso se fue directo a la relatoría sin que se presentaran los juzgadores.

Es probable que también se haya obviado información, en el supuesto, de las partes involucradas ya conocían el asunto y en lo que se insistió en varias ocasiones tratando de abreviar porque los bostezos de los jueces eran disimulados pero no dejaron de ser notorios aunque tal vez justificables por lo parece una pesada carga laboral, de acuerdo con la justificación de la jueza que presidió el tribunal.

Si bien concluyó el juicio oral en el que, de acuerdo con la relatoría, la defensa del veterinario, no controvirtió nada y quedó la convicción de la responsabilidad del veterinario Rodrigo V. en el delito que cometió, la sentencia puede ser apelada.